La escena es conocida: sobremesa de enero, la caja del panettone abierta, el lazo dando vueltas por la mesa y migas que parecen confeti. Antes de que todo acabe en la bolsa equivocada, un gesto sencillo marca la diferencia: separar bien cada pieza del envase.
Caja de cartón: al contenedor azul. Sacúdela para quitar migas. Si lleva una “ventanita” de plástico, sepárala: la ventanita va al amarillo; si no puedes retirarla, deja la caja limpia y al azul, sin culpa.
Bolsa interior transparente: suele ser polipropileno. Al contenedor amarillo (en España) o a la fracción “reciclables/secos” en muchas ciudades latinoamericanas.
Bandeja o base dorada de plástico/porexpan: al amarillo. Lo mismo para tapas y protectores de plástico.
Molde de papel (el que abraza el panettone): si está muy engrasado, no va al azul. En España, a orgánico si tu municipio lo admite, o a resto; en Latinoamérica, al contenedor de “no reciclables”. Si está limpio o apenas manchado, al azul.
Sobre de azúcar glas: si es de papel y está seco, azul. Si es de plástico, amarillo. Si es multicapa inseparable, mejor a resto.
Cinta adhesiva y etiquetas: si puedes, retíralas; la caja sigue yendo al azul. La cinta suelta, a resto; si es de plástico y es parte del envase, al amarillo.
Lazos, asas y cordones: los de plástico, amarillo; los textiles, resto. El alambre de cierre (twist): separa el metal (amarillo) del papel (azul) si es posible; si no, resto.
Según Ecoembes y el Ministerio para la Transición Ecológica, en España los envases de plástico, metal y briks van al contenedor amarillo; el papel y cartón al azul; el vidrio al verde; y los restos orgánicos, cuando existe, al marrón. En muchas ciudades de México, Argentina, Chile o Colombia, la regla práctica es similar: “reciclables/secos” para plásticos y metales; “papel y cartón” limpios; “orgánicos” o “no reciclables” para lo demás. Verifica el esquema local: los colores cambian, pero la lógica es la misma.
¿Hay que lavar los plásticos? No. Vacíalos y retira restos visibles; el lavavajillas no recicla mejor.
¿Papel con purpurina o metalizado del envoltorio? Suele ser multicapa: a resto. El kraft liso, azul.
¿“Celofán” compostable? Solo al orgánico si tu ciudad acepta envases compostables certificados; si no, al amarillo o a resto según el sistema.
¿Migas dentro de la caja? Sacude y al azul. La comida, al orgánico.
Una última imagen: la tía que guarda el lazo “para otro año”, el cuenco con azúcar que ya no se caerá por la bolsa rota, la caja plegada como un libro fino que cabe en el azul. Pequeños gestos que, sumados a miles, pesan menos en el cubo y más en el planeta. Y la mesa, por fin, despejada para el café.
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