Disfruta del calor de hogar con nuestra receta de pasta con garbanzos y panceta. Un plato que combina la tradición italiana y española, listo en menos de media hora. ¡Aprende a prepararlo!
Afuera arrecia el frío y el cristal se empaña. Dentro, una olla baja empieza a hablar con ese chisporroteo que calma. Pasta con garbanzos y panceta, fusilli para atrapar la salsa: suena a nonna italiana, huele a cocina española de invierno. Calor de hogar en menos de media hora, si tienes los garbanzos ya cocidos.
Para 4 raciones: 320 g de fusilli, 400 g de garbanzos cocidos (escurridos), 150 g de panceta en dados (en América Latina, tocino), 1 cebolla pequeña y 1 zanahoria, 1 diente de ajo (o 2 si te gusta marcado), 1 rama de apio (opcional, pero suma), 1 cucharadita de pimentón dulce (o paprika), 1 ramita de romero o 1 hoja de laurel, 500 ml de caldo suave (verduras o pollo), Aceite de oliva, sal y pimienta, Queso rallado para terminar (parmesano, pecorino o un manchego curado). Si usas garbanzo seco: remoja 8–12 horas y cuece 1–2 horas (35–40 minutos en olla a presión) con laurel. Escurre y reserva.
Dora la panceta en una olla a fuego medio hasta que quede crujiente y suelte su grasa. Retírala a un plato. Si soltó mucha, deja solo una cucharada. En esa misma grasa, sofríe cebolla, zanahoria y apio picados fino unos 8 minutos. Añade el ajo al final. Retira un instante del fuego, incorpora el pimentón y remueve para que no se queme. Vuelve al calor. Agrega los garbanzos, el romero o laurel y el caldo. Truco de cremosidad: machaca con un tenedor un puñado de garbanzos en la olla. Cuece 10 minutos a fuego suave; debe quedar como una sopa espesa. Cuece los fusilli en agua abundante con sal, dos minutos menos de lo indicado. Resérvate un par de cucharones del agua de cocción. Pasa la pasta a la olla del garbanzo. Añade un cucharón de su agua y mueve enérgicamente 2–3 minutos, hasta que el almidón ligue la salsa. Incorpora la panceta, ajusta sal y pimienta y remata con un hilo de aceite. Queso rallado al gusto.
Si la panceta viene muy salada, blanquéala 2–3 minutos en agua y sécala antes de dorar. ¿Te gusta el toque ahumado? Pimentón de la Vera o, en México/Argentina/Chile, una paprika ahumada. La pasta “termina” en la salsa: esa emulsión con agua de cocción es el secreto del brillo. Variante ligera: usa panceta magra y escurre la grasa sobrante. Vegetariana: sustituye la panceta por setas salteadas con una pizca de humo líquido o comino. Si te queda denso al recalentar al día siguiente, añade un chorrito de agua o caldo y vuelve a mover.
Luego viene lo mejor: el golpe de vapor en la cara al servir, el tenedor que arrastra fusilli y garbanzos, la panceta que cruje. Afuera seguirá haciendo frío; dentro, la paciencia del fuego habrá hecho su trabajo. Y la casa olerá a romero, a pimentón, a tarde que se queda.
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