Los primeros días del año piden calor y sencillez. La cocina puede reconfortar sin pesar.
La bufanda queda colgada en la silla, todavía con ese olor a calle fría de enero. En la cocina, una olla pequeña empieza a respirar. No buscamos banquetes: un cuenco caliente, calor sin lastre, algo que abrigue sin empachar. El cuerpo pide tregua después de las fiestas; la mesa, también.
En invierno, el mercado se llena de calabaza, puerro, zanahoria y acelga. Con eso basta. Una crema de calabaza con puerro y un toque de manzana, sin nata, espesa por sí sola si asas la calabaza antes de triturar. Dos vueltas de pimienta, un chorrito de aceite al final y unas semillas tostadas por encima. Sabe a hogar. Pesa poco.
El caldo de pollo desgrasado es otro salvavidas. Se cuece con carcasa y verduras, se enfría y al día siguiente se retira la capa sólida de grasa. Queda limpio y brillante. Cubitos al congelador y listo para resucitar arroces caldosos o sopas de fideos cuando llegas tarde. Organismos como la AESAN recuerdan que conviene moderar la sal y las grasas saturadas; desgrasar y sazonar al final ayuda.
La miso con tofu, wakame y espinacas sale en diez minutos. Apaga el fuego antes de añadir el miso para que no pierda aroma. Un cuenco, un sorbo, y ya ha empezado la tarde. Si prefieres lo de siempre, unas lentejas pardinas con verdura y comino, más caldosas que estofadas. Sofrito corto, pimentón añadido fuera del fuego para que no amargue, y un trocito de alga kombu para que queden más tiernas. Según la SENC, las legumbres deberían estar en la mesa varias veces a la semana; son baratas, saciantes y no necesitan embutido para reconfortar.
Hay días de consomé limpio con unas gotitas de limón. O de sopa de verduras con fideos cabellín, que en media España cura más que el ibuprofeno. Pan del día anterior al horno, hecho picatostes, y ya está el crujido.
Un arroz caldoso con verduras y azafrán, con más caldo que grano, entra suave. Una frittata al horno con espinacas y cebolla, sin freír, acompaña una ensalada de cítricos. Si en casa mandan las arepas, asadas y abiertas con aguacate, tomate y un poco de queso fresco: caliente por fuera, fresco por dentro. En el Cono Sur, la polenta blanda con setas salteadas y romero hace el mismo trabajo. Menos es más cuando los ingredientes están de temporada.
Trucos de diario: hierve una olla grande de verduras el domingo, guarda el caldo y usa los tropezones en un salteado. Congela sopas en raciones individuales. Si tienes olla a presión, las legumbres ligeras salen en media hora. Y deja la sal para el final: el sabor se asienta solo, como las conversaciones después del café.
No hay hazañas aquí. Solo cucharas que marcan un ritmo nuevo, pausado, como cuando, de vuelta del paseo, te quitas el abrigo sin prisa. Enero pide esto: platos que calienten la manos y den espacio a la cabeza. Lo demás puede esperar.
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