Spaghetti con calabaza y mejillones: receta sencilla, sabrosa y diferente, con consejos de mercado, trucos de cocción y el toque final de queso pecorino.
En la encimera, una calabaza de invierno espera como si fuese puro adorno. En la bolsa de malla, los mejillones brillan aún húmedos, recién salidos de la pescadería del barrio. Lo juntas todo con un puñado de spaghetti y, de pronto, la cocina huele a mar y a otoño. Spaghetti con calabaza y mejillones: diferente, sí; delicioso, también.
La dulzura de la calabaza pide compañía con carácter. Ahí entran los mejillones, salinos y jugosos, y el tándem se redondea con pimienta negra generosa y un toque de picante. Y sí: el queso no es anatema aquí. Un pecorino —o, si no lo encuentras, un buen queso de oveja curado al estilo manchego— aporta ese golpe umami que hace que el plato cante. Espolvoreado al final, en ralladura fina o en escamas, sin miedo.
Corta la calabaza en dados y saltéala con aceite de oliva y un diente de ajo aplastado. Salta hasta que esté tierna y apenas dorada; reserva la mitad y chafa el resto con un poco de agua de la cocción de la pasta para crear una crema rápida.
Limpia los mejillones: retira barbas, raspa con un estropajo metálico y descarta los que estén rotos o abiertos que no cierran al golpe. Ábrelos en una cazuela con vino blanco, laurel y otra lámina de ajo. Cuando se abran, retira del fuego, cuela el jugo y resérvalo.
Cuece la pasta al dente. En la sartén grande, une la crema de calabaza con un chorrito del jugo de los mejillones (ojo con la sal, ese caldo ya la aporta). Incorpora la pasta, los dados de calabaza que reservaste y, fuera del fuego, los mejillones. Pimienta negra, una pizca de guindilla y un hilo de aceite crudo. Si te animas, el queso va ahora.
La calabaza está en su punto en otoño e invierno y aguanta bien en la despensa. Los mejillones, mejor comprarlos del día: pesados, cerrados, con olor a mar. España produce la mayor parte del mejillón de la Unión Europea, con Galicia a la cabeza, según el Ministerio de Agricultura; el “Mexillón de Galicia” cuenta con DOP, señal de calidad.
Para el equilibrio: no sobrecocer los mejillones (se vuelven gomosos) y usar la sal con prudencia. Si no hay pecorino, un queso de oveja curado local funciona perfecto. ¿Pasta? Los spaghetti son clásicos, pero unos spaghettoni o incluso bucatini soportan bien la salsa. Y si el día pide brindis, un albariño joven o una lager fría acompañan sin imponerse.
Al terminar, queda ese silencio de sobremesa breve, cucharas golpeando el plato para raspar la última crema de calabaza. Un sabor que parece juntar mareas y hojas secas. Otro lunes que se hace menos lunes.
"Scopri come preparare la perfetta carbonara romana: dalla carbocrema senza panna, alla cottura del guanciale.…
La nueva pastelería de Iginio Massari en Roma genera debate: su maritozzi recibe aplausos, pero…
Scopri come evitare che la pasta si attacchi: usa acqua ben salata, bollore vivace e…
"Scopri la tradizione del roscón de Reyes spagnolo, arricchito con un tocco mediterraneo: una massa…
Después del roscón, el cuerpo pide otra cosa. Dulces pequeños, bien hechos, que cierran la…
Enero no pide esconderse. Pide ropa que acompañe, colores que calmen y cuidados simples para…