Desmontamos el mito del cambio exprés: recuperación física y mental, ritmo suave y hábitos posibles para empezar el año con respeto y sin prisa.
Alguien abre las persianas en silencio. Quedan migas de roscón en la mesa, el gato inspecciona una guirnalda y en el grupo de WhatsApp ya circula el primer meme del año: “¡A por todas!”. Suena enérgico. También agotador. Quizá hoy no toque “a por todas”. Quizá toque oír el crujido suave del cuerpo cuando dice: pausa.

No es pereza. Es recuperación. Tras días de horarios raros, cenas largas y ruido, el organismo pide recomponer ritmos. La Sociedad Española de Sueño recuerda que la regularidad del descanso ayuda a estabilizar el reloj interno y mejorar el ánimo. Dormir un poco más, o echar una siesta breve, no borra méritos: repara. La OMS advierte que el alcohol fragmenta el sueño y empeora la recuperación física; no extraña que el 1 de enero pese como una mochila.
La escena es conocida: compras unas zapatillas, apuntas en una libreta metas en mayúsculas y, antes de que el café se enfríe, ya te has llamado “perezoso” tres veces. El mito del cambio inmediato es tentador y tramposo: promete control, cobra en ansiedad. De acuerdo con RTVE, cada enero se habla de “cuesta” no solo por el bolsillo, también por la fatiga de volver a la norma. Cambiar hábitos funciona mejor cuando ajustamos expectativas y ritmo.
Si llevas semanas con menos movimiento, no hace falta “castigar” al cuerpo con series épicas. La OMS sugiere 150 a 300 minutos de actividad moderada a la semana, progresiva si has estado inactivo. Traducido: una caminata larga por el barrio, subir escaleras sin prisa, estirar en la sala mientras hierve el agua del mate. Empezar suave no es empezar tarde; es empezar con respeto.
Escuchar señales sencillas
Hay marcadores humildes que orientan. ¿Tienes sed de verdad o antojo? Agua a sorbos, algo salado y fruta ayudan a reequilibrar después de festejos. ¿El pulso se acelera al subir dos pisos? Señal de que conviene moverse, pero sin épica. ¿Te cuesta concentrarte? El cerebro, como el músculo, responde bien a pausas: diez minutos lejos de pantallas mientras entra luz por la ventana.
También cuenta el descanso social. En Medellín, en Madrid, en Ciudad de México, hoy muchas calles están más silenciosas. Aprovéchalo. Un paseo sin auriculares, un café con alguien con quien se pueda hablar también de nada. La calma compartida es un tipo legítimo de entrenamiento.
Volver, pero con suavidad
No hace falta prometer que serás otra persona mañana. Basta con decidir una cosa pequeña y amable hoy: ordenar la mesa, tender sábanas limpias, preparar comida sencilla. Según el INE, la mayoría recupera rutinas laborales y domésticas en la primera semana de enero; lo razonable es que el cuerpo tarde lo mismo en acompasarse.
El calendario cambia de página de golpe; el cuerpo, no. Que el primer día sea un puente, no una meta. Tal vez el mejor propósito del año sea este: escuchar el ritmo que ya tienes y dejar que te lleve.





