Spaghetti con crema de parmesano, listos en minutos: técnica de emulsión sin grumos, proporciones precisas y variaciones fáciles para una pasta súper cremosa.
Hay noches en que solo apetece algo cálido y directo. Abres la nevera: un trozo de parmesano, mantequilla, medio paquete de spaghetti. Afuera llueve, dentro hierve el agua. En diez minutos, el aroma a queso llena la cocina y el día parece menos largo.

El secreto no es la nata (aunque puede ayudar), sino la emulsión. Agua de cocción rica en almidón + queso rallado muy fino, añadidos fuera del fuego. Así se consigue una crema sedosa que abraza la pasta sin cortarse.
Ingredientes y proporciones útiles
Para 2 personas: 180–200 g de spaghetti, 70–90 g de Parmigiano Reggiano rallado muy fino, 20–30 g de mantequilla (opcional pero recomendable), pimienta negra, sal y 1/2 taza de agua de cocción. Si te gusta más redondo, 30–50 ml de nata líquida; no más, para no tapar el sabor del queso.
Consejo de mercado: un parmesano de 18–24 meses funde y emulsiona de maravilla. Los muy viejos (30–36 meses) son intensos, pero pueden dar textura más quebradiza; mezcla con un poco de Grana Padano si buscas suavidad.
Paso a paso sin grumos
Ralla el queso finísimo. Parece un detalle menor; no lo es. Cuanto más fino, más fácil emulsiona.
Cuece la pasta en agua generosa y poco salada: el queso ya aporta sal. Guarda al menos una taza del agua.
En una sartén amplia, derrite la mantequilla a fuego bajo. Apaga el fuego.
Añade un cucharón de agua de cocción y, poco a poco, el queso, batiendo con energía hasta lograr una crema lisa. Siempre fuera del fuego para que no se corte.
Incorpora los spaghetti al dente y saltea suavemente, ajustando la cremosidad con más agua de cocción. Pimienta negra al final.
Si prefieres añadir nata, intégrala templada junto con la mantequilla y emulsiona igual con el agua y el queso.
Variaciones rápidas para días distintos
Limón y pimienta: ralladura fina y un chorrito de zumo al final, frescura instantánea.
Setas salteadas: doradas con ajo, dan umami y textura.
Crujiente: migas de pan tostadas con aceite y romero por encima.
Picante suave: una guindilla en la mantequilla y la retiras antes de añadir el queso.
Errores comunes y cómo salvarlos
Se corta o granula: baja la temperatura, añade un poco más de agua de cocción y bate. La paciencia recompone la salsa.
Queda salado: compensa con agua de cocción y un toque de nata o leche.
Sosa o pesada: un chorrito de limón o más pimienta.
Sin parmesano a mano: un buen queso duro curado funciona; ten presente que el Parmigiano Reggiano tradicional no es apto para vegetarianos estrictos por el cuajo animal.
Hay platos que consuelan sin aspavientos. Este es de esos: sencillo, cremoso, cercano. Un bol humeante, un tenedor que gira, el silencio breve entre bocado y bocado. Y la sensación, tan rara como valiosa, de haber llegado a casa.





