Vino y quesos: descubre las combinaciones ideales para el invierno

Descubre las combinaciones ideales de vino y queso para el invierno. Aprende a maridar quesos frescos, cremosos y curados con los vinos perfectos para noches frías en casa

Una noche fría, la calefacción ronronea y en la mesa cae una tabla de madera: pan tostado, una cuña de manchego que pide cuchillo, un cuenco de miel oscura. El primer sorbo de vino entibia las manos. Todo parece más sencillo.

Vino y Quesos: Descubre las Combinaciones Ideales para el Invierno
Vino y Quesos: Descubre las Combinaciones Ideales para el Invierno

En invierno apetecen quesos con carácter, texturas envolventes y vinos que hagan de manta. No hace falta montar una cata profesional: con dos o tres ideas claras, la combinación se vuelve casi instinto.

Frescos que despiertan el apetito

Queso de cabra fresco, requesón o una ricotta casera funcionan como entrada. Piden vinos blancos vivos: albariño, sauvignon blanc o un torrontés argentino. Acidez y ligereza para limpiar el paladar.

Un truco: un hilo de aceite de oliva, pimienta y ralladura de limón sobre el queso; al lado, un cava brut nature muy frío. Burbuja fina, bocado cremoso, conversación que arranca.

Cremosos que abrazan

Torta del Casar, Arzúa-Ulloa o brie maduro. Son quesos de cuchara, casi de chimenea. Aquí funcionan blancos con cuerpo: godello o chardonnay con crianza suave. También un espumoso reserva ayuda: las burbujas cortan la grasa y refrescan la boca.

Si aparece un toque de trufa en el queso, prueba con un amontillado: frutos secos, umami, equilibrio.

Curados que mandan

Manchego curado, Idiazabal (ahumado y noble) o un Mahón artesano. Van de maravilla con tintos de medio a buen cuerpo: tempranillo de Rioja o Ribera, garnacha jugosa, mencía atlántica. El vino debe acompañar, no dominar: mejor crianzas afinadas que maderas agresivas.

Para un giro invernal, un oloroso o un palo cortado: seco, profundo, y el queso se hace aún más largo.

Azules y dulces que sorprenden

Cabrales, Valdeón o roquefort piden contraste. La regla que nunca falla: dulce + azul es un clásico invencible. Pedro Ximénez, moscatel envejecido u Oporto tawny. El azúcar doma la sal y el picante; las notas de higo, café o toffee hacen el resto.

Si prefieres menos dulzor, un riesling semiseco o un late harvest chileno encuentran un punto medio luminoso.

Pequeños consejos para la noche fría

Saca los quesos 30–45 minutos antes: el frío mata aromas.

Temperatura del vino: blancos 8–12 °C; tintos 15–18 °C; generosos a 12–14 °C.

Ordena de más suave a más intenso; deja el azul para el final.

Acompaña con pan tostado, nueces, membrillo y una miel no muy invasiva.

Calcula 80–100 g de queso por persona y 3–5 variedades.

Evita perfumes en la mesa: compiten con los aromas.

Y luego está lo pequeño: la pausa entre sorbos, la corteza que cruje, el silencio después de un buen bocado. En invierno, el maridaje es también eso: una manera de entrar en calor sin prisa.

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