Cómo preparar un asado tierno y sabroso: el truco del chef

El olor llega antes que el timbre: esa mezcla de carne dorándose, cebolla, romero. En el pasillo alguien pregunta “¿qué están cocinando?”. Dentro, el horno trabaja manso y el reloj no manda. Un buen asado no admite prisas, pero sí método.

Cómo preparar un asado tierno y sabroso: el truco del chef
Cómo preparar un asado tierno y sabroso: el truco del chef – dieta.com

La ternura no empieza en el horno, sino en la carnicería. Busca piezas con algo de grasa intramuscular y tejido conectivo: aguja o espaldilla de res, paleta de cerdo, pierna de cordero. Son cortes que, con calor suave, transforman colágeno en gelatina. Esa es la magia: grasa y colágeno bien tratados = jugosidad y sabor.

El truco del chef por un asado tierno y sabroso

Es simple y poderoso: salmuera en seco + baja temperatura + dorado final. Sal gorda la víspera, reposo en la nevera sin tapar, cocción lenta y, al final, un golpe de calor para el crujiente. El resto son detalles que suman.

La víspera, seca la pieza y salpica con 0,8–1% de sal respecto al peso. Añade pimienta, ajo y hierbas si te gustan. Reposa 12–24 horas en la nevera, sin cubrir; se forma una película que ayuda a dorar.

Saca la carne 45–60 minutos antes. Mientras, precalienta el horno a 140–160 °C. En una bandeja, haz una “cama” con cebolla, zanahoria y un chorrito de vino o caldo. Coloca la carne sobre una rejilla encima: la humedad sube, el calor circula.

Horno lento hasta la temperatura interna adecuada, con termómetro: res poco hecha 52–55 °C (jugosa), al punto 58–60 °C; cerdo 63 °C y reposo; cordero rosado 60–65 °C. Nada de pinchar sin necesidad: se escapan los jugos.

Sube el horno a 220–240 °C (o pon una sartén de hierro) y dora 8–12 minutos hasta lograr la corteza. Puedes barnizar con una mezcla de mostaza, miel y jugo de la bandeja: brillo y golpe de sabor.

Reposo sagrado: 15–20 minutos, suelto, sobre tabla. La carne se relaja y redistribuye jugos. Luego, corta siempre contra la fibra, en lonchas finas.

Detalles que marcan la diferencia

En pisos pequeños, un truco humilde: un vaso de agua en la bandeja evita que el horno reseque.

Si usas parrilla, invierte el orden: calor indirecto hasta casi el punto y, al final, sellado vivo junto a las brasas.

La salsa no se compra: desglasa la bandeja con vino o caldo, raspa los dorados, reduce y monta con una nuez de mantequilla. Sabe a domingo.

En México, Argentina, España o donde toque, el ritual se parece: alguien corta pan, otra persona prueba la salsa “por si le falta sal”, y el tiempo se afloja. Un asado tierno no es un secreto caro: es paciencia, calor manso y respeto por el corte. Lo demás, pura conversación.

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